Cambio

Andrés Herrera. 20 años. Estudiante en una universidad de Venezuela. Hijo de dos maravillosos padres dedicados.

Dedicado al 100% con sus millones de tareas y responsabilidades orgulloso de llevar estabilidad a su familia y a sus compañeros.

Duerme 8 horas, se levanta temprano, se prepara un buen café y un delicioso desayuno y se va a estudiar sin ningún preámbulo. Agarra el autobús directamente a su institución privada y se sienta como siempre en el puesto a la derecha donde se puede contemplar el Ávila mientras sube a Caracas, ve innumerables filas de personas pidiendo por un pedazo de pan o uno que otro producto de higiene personal que ya no se consigue normalmente y extrañado comenta en su pensamiento:

”Algo anda muy mal”.

Ese día no puede terminar el recorrido de su casa a la universidad por el hecho de que unas personas trancaron el camino por falta de agua en sus casas, al parecer ya tienen dos semanas sin la misma y están cansados. Se coloca sus audífonos tratando de escapar de esta realidad tan absurda y sumergirse en su imaginación desbordada.

Por fin después de unas tres horas de cola en la Capital del país, llega a la universidad intacto (o eso piensa él) pues a su alrededor se quejan de los daños causados a la camioneta por pasar por un sitio tan peligroso en una hora que anuncia el amanecer de la misma.

Todo sigue bien, continúa sus clases, come su comida sin darse cuenta que ya no tiene ”su comida favorita” sino lo que se consigue en la calle. Después de este día tan absurdo decide regresar a su casa y acostarse ya que dicen que ”dormir soluciona tus problemas”.

A las ocho de la noche, llega su papá, cansado de lo mismo… Está quejándose del país, de la situación, de sus gobernantes, de innumerables cosas que para Andrés acaban de aparecer en su casa, pues nunca las había oído.

”¡NOS IREMOS DE ESTE PAÍS A COMENZAR UNA NUEVA VIDA!” Comenta su papá en voz alta mientras suelta una que otra lágrima, haciéndose el fuerte y con posición de cansado sentado en una silla del comedor.

Andrés pensaba en el cambio que se venía, no podía creer que después de tanto tiempo se iría del país en el que nació, creció, se graduó de bachiller y pensaba graduarse y establecer su vida.

Ahora los días eran grises, se venían despedidas, más tristeza. De repente empezó a observar el país como en verdad estaba y se dio cuenta que en realidad no éramos tan felices como él se había imaginado, aunque a pesar de todo, mantenía una sonrisa a pesar de las adversidades.

Pero lamentablemente, se debe despedir con un pasaporte en la mano y una maleta llena de recuerdos en su hermoso país y comenzar de cero.

 

Muchos hemos conocido a alguien como Andrés, que ha vivido al 100% su vida y de repente se deba entregar a un cambio de aire, de ambiente, de cultura y personas. Nos hemos despedido tanto que ya estamos acostumbrados a que todos los días nos comenten que se van del país y no nos duele, pues sabemos que la vida de esa persona mejorará y esperamos que la vida como la que conocemos mejore en este país con gobernantes tan absurdos.

Hoy será Andrés que se va… ¿Y mañana? ¿Tú?

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