Débil

Cuando me di cuenta, me paré enfrente de ti y grité todo lo que mi alma decía.

Me agarré la cabeza, respiré hondo y canté con el corazón.

”No puedo dejar de quererte así estés lejos de mi,

la manera que me miras,

tu boca hablándome,

tus ojos leyéndome… No puedo”.

Escogí decirte porque era tarde.

Entraste a mi corazón y leíste todo sin siquiera saberlo.

Y no me siento mal con eso, no… Sólo estoy preocupada.

”Me siento débil”, te dije.

Recibí como respuesta un intenso suspiro y un abrazo conmovedor.

¿Y cómo no sentirme débil si me empujaste fuerte hacia tu cuerpo y alma sin sentir mariposas por mi?

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