Secretos

Y aquel día abrí los ojos,

observé a las aves cantando con orgullo en una de las ramas más altas de un árbol,

a las parejas sumergiéndose en el amor en un infinito verde

y el ruido de la naturaleza zumbando en mis oídos.

Después de todo, obtuve lo que tanto anhelaba: paz.

Y agradecí al azul del cielo por hacerme entender que jamás debo enfocarme en el estrés de una vida cotidiana y que a partir de ahora, era una conmigo misma.

Lo mejor de este descubrimiento fue que no tenía que contarle mi secreto a nadie, porque lo tenía escondido en mis pupilas cafés y en mi sonrisa.

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