Cuando conocí al amor

Ese viernes en la noche, entré a un bar nuevamente para preguntarme por qué esta vez esa relación (corta) había fallado si estaba todo en su orden, me lamentaba una y otra vez y me reprochaba de que ¡por supuesto! el problema debía ser yo porque siempre fallaban, siempre, siempre (y más siempre que añadí mientras quejaba).

En esto, a escenario sale una señora que era idéntica a mi abuela sólo con un vestido que usaría alguna de esas modelos famosas, que sí recuerdo con claridad: era rojo, además de que se tambaleaba de aquí y allá con sus adornos estrambóticos y reía como si tuviese unos tragos de más encima y claro, sin hablar de que tenía a su clientela haciéndole barras y brindando en su honor, pero manteniendo siempre su elegancia y poder en ese humilde bar.

Por alguna razón, sentía que ella sabía a qué había ido ese día. Tal vez a ahogarme en alcohol y gritar hasta que me botaran del bar por no saberme controlar y seguir así hasta ahora, hasta que consiguiera otra persona y la relación fallara nuevamente. Optimismo al cien por ciento como siempre.

Levantó el micrófono y con un aire de poder y superioridad dijo: ”Sé que desde que me presento aquí, no hago dedicatorias, pero hoy es un día especial. Así que, esto es dedicado a todos los que no creen y les ha fallado el amor”. Y listo, ya sabía exactamente que eso era conmigo. Así que la escuché en silencio.

Cantaba melodiosamente, se reía y movía sus manos con delicadeza. Entregaba su alma en cada canción y el ambiente cambió con suavidad un momento, veía a mi alrededor y cada segundo era exclusivo. Todos lloraban, cantaban, se abrazaban y besaban a sus parejas. Era mágico que alguien pudiese crear esa sensación.

Salí del bar y en la terraza prendí un cigarrillo mientras veía las estrellas y bebía mi cerveza, no sé que tanta paz me daba, pero entre las relaciones amorosas que me causaban decepción y el poco amor a mi mismo, este momento era épico. Estaba concentrado con los ojos cerrados, cuando escuché: ”¿tienes un cigarro?” y volteé rápido. Era la señora del bar. Así le presté y le prendí el cigarro.

”Sabes, es majestuoso” dijo mientras fumaba. ”Sí, te hablo del amor. Te hace sentir en las nubes mientras bailas entre la brisa, pero te tumba cuando no es correspondido. Disfruto cada relación que veo y mi alma llora cuando alguien pierde a alguien que amó, pero estoy segura que cada momento es un aprendizaje y que pronto llegará lo que buscas, así que deberías estar orgulloso de que yo te hable y yo estar orgullosa de que me necesites” y quedé atónito. ¿Quién era ella? Era una anciana elegante presentándose en un bar cutre de la ciudad, ni que estuviese bailando en New York o por allá en Bora Bora tomándose un vino mientras recita poesía a través de sus labios.

Me volteé nuevamente y seguí fumando. Hasta que insistió agarrándome del hombro.

”Te conozco, cariño. Vienes después de cada ruptura, cada pequeña cosa que le hace daño a tu corazón, te hace regresar a este bar. Y puedes venir cuando quieras, porque me gusta verte por aquí, me demuestra que contigo tengo mucho trabajo y estoy impresionada, porque siendo tan inteligente en tu vida amorosa, si así lo podemos decir, aún no sabes quién soy”.

”Y… ¿quién eres? Impresióname” Pregunté fastidiado.

”El amor en persona” y quedé en silencio por unos momentos.

”Mi trabajo no es fácil” dijo. ”Eres una de las personas más difíciles que me ha tocado, te cuesta amar, entregarte, surgir  pero cuando lo haces, eres tan excesivo con el cariño que desbordas, que se apartan de ti y sí, esto aún me parece extraño. Tantos siglos recorriendo el mundo y este es uno de los peores siglos que me ha tocado combatir. Estoy segura, que alguien te querrá cueste lo que cueste, te amará a oscuras, te querrá los domingos en la mañana y te recitará poesía con sus ojos. Sólo debes esperar y ser paciente”.

Claramente, esta mujer estaba loca. Pero como eran las 2:00 am de un sábado, cualquier cosa podía pasar. Así que agradecí su compañía, me terminé de fumar el cigarrillo y me fui.

”¡Volverás y no estarás solo, cariño. Te acordarás de mi!”. Decía mientras reía.

Vieja loca, tantos tragos afectaba sus neuronas y no la dejaban pensar, sí, sí era el alcohol. ¿El amor visitándome en persona? Claro. ¿Qué faltaba después, que mi perro me dijera que estoy equivocado? Así que salí del bar, tomé un taxi y regresé a casa.

Aún con las palabras de ella en mente, decidí seguir mi vida. Ir al trabajo, tomarme mi café matutino, fumar mi cigarro, almorzar, trabajar e ir a casa nuevamente y repetir sucesivamente todos los días. Cambié algunas pequeñas cosas, sonreía más, bailaba en el trabajo, saludaba a todos, conseguí un ascenso y las cosas diariamente se empezaron a tornar distintas. Hasta ese día, mucho tiempo después.

Era viernes en la noche nuevamente así que regresé al bar. Estaba contento, disfrutaba el cálido humor de los artistas, me gustaba el olor del bar, la noche era fresca y todo estaba a su favor. De repente, entró la señora de rojo al bar y la presentaron entre gritos y alabanzas. Así que esta vez sí la iba a escuchar con claridad, se sentó junto al micrófono, se arregló y cuando iba a comenzar a cantar dijo: ”Ya va, damas y caballeros, esta noche es diferente. Esta noche es buena, es alegre, es… Hermosa. Hoy, luego de tanto tiempo, quiero hacer mi última dedicatoria, porque sé que luego de esto, alguien en esta sala, no necesitará más mis palabras ya que conseguirá su camino”. Reía y movía su cabello. ”Sin más preámbulos, esta noche va dedicada a aquellos que creerán nuevamente en el amor”. Y comenzó la suavidad en el ambiente.

Me guiñó el ojo y comenzó a cantar, así que levanté mi copa y brindé por ella mientras la escuchaba con la debida atención. Movía las manos, agarraba el micrófono, se tocaba el pecho y seguía cantando, era deslumbrante como alguien podía dar paz absoluta en cada presentación en aquel bar. Así que cuando terminó, le dejé una nota, agradecí su música y salí a las 2:00 am del sábado.

Iba apurado, así que tomé un taxi que no me fijé si estaba vacío o lleno y le dije que por favor me llevara a la dirección indicada en mi teléfono, así que el caballero, con toda la amabilidad posible, me dijo: ”Señor, este taxi está ocupado” y con la vergüenza en mi ser, volteé y vi a una mujer sentada en la parte de atrás del vehículo.

”Creo que vamos a la misma dirección” sonrió. Sí, íbamos a la misma dirección.

Y así, conocí al amor de mi vida.

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